El purgatorio de la moda

Emilio Baquero

9 sept 2021

FLIS® Moda. Fracasos en el negocio

Desde muchos púlpitos se sermonea que el fracaso es el camino del éxito. Que cuando se fracasa se da un paso más hacia la meta soñada e incluso se puede llegar a considerar que el fracaso puede ser un requisito más a cumplir en el proceso evolutivo que nos llevará a esa meta tan ansiada, a ese pedazo de cielo, donde reside el éxito.


Frases como, “el error es parte del crecimiento y la evolución”, “el error sirve para el aprendizaje” o “si no te equivocas es que no te arriesgas”, resuenan en muchos foros como panacea o fórmula magistral que te ayudará en una correcta evolución personal. Pero estas ideas no resultan del todo desechables. De hecho, muchos gurús de la inteligencia emocional las usan para enseñarte a sacar partido de los errores y, por ende, del fracaso. Pero ¿Qué ingrediente faltaría a la hora de abordar un fracaso y cuál resultaría del todo indispensable, como es el aceite de oliva en una ensalada? Sin duda, el análisis de lo sucedido, aprender de lo erróneo, evaluar todos los aspectos que han rodeado al fracaso, porque si no, no valdría la pena. Si no usamos la experiencia no tiene sentido.


La clave radica en tener una buena interpretación de los errores cometidos y desarrollar recursos con base en lo aprendido para construir unos cimientos sólidos y no caer en los mismos que nos llevaron a la situación no deseada. Así, desde las vistas que tienes desde la ventana del fracaso, puedes proyectar tus planes futuros y encauzar mejor los siguientes pasos evolutivos, para conseguir las metas deseadas.


No podemos obviar que no solo del fracaso se aprende. También una formación amplia y completa nos permitirá construir esa solidez tan necesaria en el camino.


Sin ánimo de hacer "coaching barato", creo que hay mucho de razonable en todo esto y me sirve para plantear el asunto que me trae de nuevo a este escenario, que me permite escribir sobre cuestiones que afectan a la moda española y su eterno purgatorio.


Fracasar primero para conseguir nuestros objetivos después, como lección de vida, no parece que sea la fórmula que a la moda española le funcione; más bien, es un hecho que se repite demasiadas veces y que se convierte en un mantra.


Muchos son los casos de subida fulgurante, de éxito rotundo, al olimpo de los dioses para precipitarse luego en una bajada en caída libre a los infiernos. 

Todo esto me desvela la curiosidad acerca de los factores que se repiten una y otra vez y basta con retroceder en la historia para darnos cuenta de que algo falla.


Abordar estas cuestiones y otras que se suponen, se me antoja bastante difícil, ya que muchos de los pecados cometidos pueden ser molestos, complicados o delicados.


Nombres como Sybilla, Angel Schlesser, María Moreira, Antonio Alvarado, Jesús del Pozo, Francis Montesinos, Miguel Palacio, Manuel Piña o Victorio & Lucchino, veteranos que han escrito páginas de oro en la historia de la moda de este país, han sucumbido a grandes fracasos que a la mayoría de ellos los ha llevado a desaparecer o reconvertirse.


Hagamos memoria para rescatar algunos de los casos más sonados de la historia de la moda de este país. Casos que podrían servirnos para poner en el tapete todos los pecados cometidos y hacer por fin una confesión que nos absuelva.


Empecemos con el diseñador Manuel Piña, ya desaparecido. Él fue uno de los siete magníficos que presentó su colección allá por el año 1985, en lo que fue el germen de la Pasarela Cibeles, hoy en día Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Una primera pasarela que se celebró en una carpa de circo alquilada, en la madrileña plaza de Colón y que tenía más ilusión y ganas que otra cosa.  


Piña, tuvo una carrera que traspasó las fronteras abriendo en el año 1981 una tienda en Nueva York, que supuso su primer varapalo, al “vender dos colecciones”, que en ningún momento le fueron pagadas. Después su carrera dio un giro y fue ascendiendo. Tuvo contratos con grandes almacenes en España (Galerías Preciados, ya desaparecida) y con firmas muy prestigiosas para diseñar complementos. 


Se convirtió en referente de la moda de vanguardia en España, considerado uno de los arquitectos de la "Marca España". Volvió a abrir tienda en Madrid en 1988 y llegó a la meca de París; pero, en plena cúspide, tan sólo dos años después, en 1990 anunció que liquidaba su empresa de 30 empleados y cerraba la tienda madrileña. Los motivos: anulación de un contrato con una empresa textil española y el descarrilamiento de otro contrato con una inversora japonesa que le introduciría en el mercado asiático. 

Manuel Piña acabó diseñando complementos y los nuevos uniformes de Correos.


El artículo completo se encuentra en la revista FLIS® Moda y Derecho al Día 5/2020.

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